lunes, 9 de diciembre de 2013

Seguramente me equivoque al pensarte, pero quiero equivocarme.
Quiero desearte sin retorno alguno.
Lo único que me pertenece no son mis aciertos, sino mis errores.
Lo que me consuela, la consciencia del descuido.
Sin apenas saberte, la confusión no se entiende.
Eres ese disparate de otoño, el equívoco más cierto, que se me va grabando a fuego lento en la entraña, muy adentro.
No hay lección que valga cuando de fallo, errata o falta se trata.
Si me da la vida, te pienso.

Sin aliento.