Seguramente me equivoque al pensarte, pero quiero
equivocarme.
Quiero desearte sin retorno alguno.
Lo único que me pertenece no son mis aciertos, sino mis
errores.
Lo que me consuela, la consciencia del descuido.
Sin apenas saberte, la confusión no se entiende.
Eres ese disparate de otoño, el equívoco más cierto, que se
me va grabando a fuego lento en la entraña, muy adentro.
No hay lección que valga cuando de fallo, errata o falta se
trata.
Si me da la vida, te pienso.
Sin aliento.
