Siempre fue un poco a poco, cuando necesitaba un todo.
Siempre un intento cuando necesitaba un contrato. Y así buceaba en su vida
intentando reflotar sus barcos. Boqueaba sus versos al sol sin casi aliento.
Conminaba su desdicha como el que atosiga a su ira. Se ceñía al guion y no
hacía buen papel. Mediocre media vida, insulso en su mentira. Recordó. Se jugó
todo a una carta, se gustó al espejo, se rindió al respeto. Y cuando nadie le
veía, sonreía. Descartó sus miedos, degustó sus momentos y salió volando por
sus dedos. Se descaró. Dejo caer su careta. Remoloneó en sus sueños, sin pasar
por taquilla. Y en el segundo acto dejó de oír alboroto en platea y se dedicó a
recitar como él sentía...
