Donde acaba el silencio, donde una mirada se pierde en el infinito, donde te acaricia el viento, donde la mano de un niño te roza la cara, un susurro te recorre la espalda y se instala en ti. En ese lugar es donde habito, en ese momento me paro y miro hacia dentro. Destrozado por fuera y desolado por dentro, camino despacio, lento.
En ese lugar rompo el silencio, miro al frente, me arropo del viento, aparto la mano, grito de frente y me alejo.

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