Pierdo la compostura cuando no me miras. Cuando me atraviesas con tu mirada.
Se me aferran las entrañas a la espalda. Se me cierra el alma.
Se me aburren los labios, se me secan las papilas.
Te sigo con la mirada un tanto perdida, que no derrotada, que no suicida.
Con cada vaivén me desvelo.
Quiero encontrar las palabras y balbuceo.
Susurrar y grito.
Todo al revés, como mi ego.
Pido disculpas, cuando regreso.
Vaya desastre.
De buena mañana, ya tengo sueño.
Y por la noche me regodeo.
Sueño cambiado, por un mal trato, sin garantías, sin titubeos.
Sueño cambiado por tu jaleo.
Y no me olvido, solo disimulo mi devaneo.
Gesto, caricia y miedos.Cóctel amargo de trago seco.

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