Confío en la gente, y eso de entrada no debe ser malo, el problema es que no confío plenamente en mi, en mis reacciones, en mis miedos, en mis prejuicios... y me preocupa, porque en realidad es con la única persona con la que realmente convivo 24 horas diarias. Si lo pensamos friamente, lo único que nos pertenece es nuestra vida, nuestros pensamientos, deseos, anhelos, odios, filias, fobias y demás atajos mentales para justificar nuestra existencia, pero lo que ocurre es que la vida nos hace navegar al pairo, sin timón, sin rumbo fijo, y aún así creemos que podemos controlar nuestro estrecho de Ormuz, nuestro destino. CONTROL, esto es lo que deseamos, tener controlado, que no controlar, nuestra vida, nuestros amigos y enemigos, trabajo, pareja, familia... pobres insulsos, un simple golpe de mar destroza ese bergantín imaginario, y de pronto una galerna, convierte nuestra carabela imaginaria, en una chalupa en medio de un gran océano desconocido, un triángulo de las bermudas descontrolado.
Y a pesar de todo siempre tendremos nuestra isla desierta, nuestro descanso, nuestro dársena más privada, ajena a todo y a todos, incontrolable, imprevisible... donde solo morfeo es el amo y señor...
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