Nació un viernes a las 7:00h de la mañana. Durante su primera
época, después de desperezarse, se dejaba llevar por la vida intentando esquivar
las lanzadas que esta le enviaba. Fue una época de dudas, donde las certezas
resultaban alarmantes. No obstante pronto se embarcó en un viaje. Uno de esos
viajes que uno lleva programando toda su vida mentalmente y que no termina de
realizar.
La casualidad hizo que tuviera un destino claro, un destino
de Luna Llena y Sol. Ese muelle donde el viejo barco podría descansar de las
mareas, donde acicalar sus velas y mecerse en sus aguas bellas.
Durante un breve tiempo el barco se fundió con la Luna, se
dejó mecer por su encanto, se enamoró.
Pero pronto, las maderas del viejo barco crujieron, tan acostumbradas estaban a ser golpeadas
por las aguas turbulentas de su vida. Esos quejidos roncos asustaron a la Luna y rauda esta se ocultó de esos nubarrones, se protegió de
los tablones sueltos del viejo barco.
Y la noche se hizo oscura para el viejo
navío.
El barco asustado de si mismo, partió, levó anclas, se
abandonó al pairo y de nuevo sin timón se dejó llevar por la tiniebla, sin
embarcadero conocido, navegó noches sin Luna, con la paz de un elefante en su ruta.
Ese barco murió un domingo, 2 días después de nacer, para
dejar paso a una Luna Llena que iluminaba bahías, que guiaba marinos, que daba
luz a las tinieblas…
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