martes, 17 de septiembre de 2013

Cuento


Nació un viernes a las 7:00h de la mañana. Durante su primera época, después de desperezarse, se dejaba llevar por la vida intentando esquivar las lanzadas que esta le enviaba. Fue una época de dudas, donde las certezas resultaban alarmantes. No obstante pronto se embarcó en un viaje. Uno de esos viajes que uno lleva programando toda su vida mentalmente y que no termina de realizar.
La casualidad hizo que tuviera un destino claro, un destino de Luna Llena y Sol. Ese muelle donde el viejo barco podría descansar de las mareas, donde acicalar sus velas y mecerse en sus aguas bellas.
Durante un breve tiempo el barco se fundió con la Luna, se dejó mecer por su encanto, se enamoró.
Pero pronto, las maderas del viejo barco crujieron, tan acostumbradas estaban a ser golpeadas por las aguas turbulentas de su vida. Esos quejidos roncos  asustaron a la Luna y rauda esta  se ocultó de esos nubarrones, se protegió de los tablones sueltos del viejo barco.
Y la noche se hizo oscura para el viejo navío.
El barco asustado de si mismo, partió, levó anclas, se abandonó al pairo y de nuevo sin timón se dejó llevar por la tiniebla, sin embarcadero conocido, navegó noches sin Luna, con la paz de un elefante en su ruta.

Ese barco murió un domingo, 2 días después de nacer, para dejar paso a una Luna Llena que iluminaba bahías, que guiaba marinos, que daba luz a las tinieblas…

No hay comentarios:

Publicar un comentario