En el horizonte se adivina una luna creciente, un
mar demasiado en calma, una calma demasiado espesa, como el ambiente húmedo de
su boca.
Boca de recuerdos, de besos intensos, de pasiones y
despedidas. De esos días breves, de caricias y gestos, de gemidos
intensos, de neblina.
De la última noche de vapores, de absurdos reproches.
De la mañana fatídica de jaqueca fingida.
De esa despedida.
De ese adiós suicida.

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