sábado, 22 de enero de 2011

Apocalipsis



Rocambolesca insensatez la nuestra, incomprensible evolución enrocada en la avaricia suicida del melodrama. Rotos los instintos y súbitos los sentidos, entramos en la dinámica de la vida asesina. Apoplejía de la mente, invisible sensación que perturba nuestros sueños más profundos, alma en pena, flores estomacales... Solo queda esperar el final.

Adormecidos, en una duermevela insensata en los abismos de morfeo, deseamos vivir lo soñado o morir lo vivido.

Domesticados, alejados de la rebelión, descansadas nuestras almas, como ancianos con la boca al sol, destrozamos nuestra espera con desesperación.

Como un sinfín desbocado, amanecemos y pernoctamos, descansamos nuestros cuerpos y desazonamos nuestras almas. Sin sosiego, avanzamos con paso firme escuchando el crujir de los cristales rotos cuando avanzamos. Invencibles y desmotivados, ocupamos nuestro espacio en un mundo absurdamente bordado, deshilachando sin piedad los jirones de la vida.
Derroche de insensatez en un apocalipsis karkiano.

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